Empieza por la dispersión, no por la media. Una ejecución que informa de min/media/máx de 24/26/28 ms describe una ruta sana. Una que informa de 24/58/410 ms tiene el mismo suelo, pero está encolando mal en algún punto, y la media lo esconde. La línea de estadísticas te da una cuarta cifra, la desviación típica: ese es tu valor de jitter. Unos pocos milisegundos están bien; una desviación que se acerca a la media o la supera significa que la ruta es inestable, y todo lo que sea tiempo real (VoIP,
escritorio remoto, teclear en una sesión SSH interactiva) se sentirá mal aunque las descargas grandes sigan completándose con normalidad.
La pérdida de paquetes necesita contexto, y el porcentaje por sí solo no sirve casi de nada. Mira los valores icmp_seq o el orden de las sondas para ver qué forma tiene. Diez sondas con un hueco suelto en medio son un 10 % sobre el papel, pero suele ser un único paquete ICMP al que un router con cosas mejores que hacer dio menos prioridad; TCP lo retransmite y no te enteras. Diez sondas en las que los números 4, 5, 6 y 7 desaparecen seguidos son otra cosa (una caída de enlace, un reencaminamiento o un salto entre puntos Wi-Fi) y frenarán de forma visible una sesión interactiva. En Wi-Fi y en móvil, una pérdida aislada de vez en cuando es rutina. Una pérdida sostenida en una ruta cableada es una avería que merece investigarse, y un
traceroute te ayuda a encontrar el salto en el que empieza.
Lee también el campo ttl. Los hosts empiezan en 64 (Linux, BSD, macOS), 128 (Windows) o 255 (muchos equipos de red), y cada router le resta uno. Una respuesta con ttl=52 vino de algo que empezó en 64 y cruzó doce saltos: una comprobación rápida de que estás hablando con la máquina que crees, y una pista sobre qué familia de sistema operativo respondió.
La primera sonda suele ser la más lenta. La culpa es de ARP o el descubrimiento de vecinos, de la resolución DNS y de una caché de rutas fría, no del servidor. Juzga la ejecución a partir de la segunda sonda.
Por último, no leas un 100 % de pérdida como «caído». Muchos hosts, CDN y redes de borde descartan el echo ICMP por política. Y en el motor TCP la semántica cambia por completo: estás cronometrando un handshake de tres vías al puerto que elegiste, así que cada valor arrastra el coste de establecer la conexión por encima de la ida y vuelta real de red, y un host cuyo cortafuegos descarta ese puerto en silencio informa de pérdida total estando perfectamente sano. La anotación de puerto cerrado es el buen desenlace: significa que el host respondió con un reset.